
Fue comerciante hasta que un día, naufragó y llegó a Atenas, arruinado. Se hizo discípulo de Crates, un jorobado cínico, predicador, alegre y consejero. Estudió dialéctica con Polemón.
Zenón conjugó el cinismo con la antigua sabiduría, aconsejada ésta por un oráculo. Recitó sus discursos en una hermosa galería llamada “Pórtico pintado” (Poikilé stoa). Era alto y flaco. Le decían “palmera”. Predicó la vida acorde con la naturaleza y su código de leyes. Al quebrarse un dedo, luego de un tropezón, dicen que se enfureció y se ahorcó. Fue el primer suicida estoico.
Boxeador, aguatero y astrólogo nacido en Misia en el año 331 a.C. Le decían “el asno” por su lentitud para entender algunas cosas. Sus escritos cosmológicos y astrológicos, hechos sobre pedazos de barro y de buey, causaron admiración. Dirigió el pórtico durante treinta y dos años. Solo queda un Himno a Zeus entre sus obras perdidas. Partes de este himno fueron usadas por Pablo el apóstol, en sus célebres epístolas.
Ya de viejo, se dedicó a ayunar. Y tan bien le fue, que se dejó morir de hambre.
Divide a la filosofía en seis partes: dialéctica, retórica, ética, política, física y teología.
Fue tal vez el más religioso de la tribu estoica.
Nació en la ciudad del coloso, cerca del 185 a.C. Vivió en Roma, en contacto con Escipión el Africano, a quien acompañó en su expedición a Oriente. Al regresar a Grecia, dirigió la escuela estoica (129 a.C.) reemplazando a Antípater. Difundió el estoicismo entre la intelectualidad romana. Influyó en Cicerón. Fue un humanista universal, subordinando la teoría a la práctica.
Discípulo de Panecio, abrió una sucursal también pintada, en Rodas. Maestro de Cicerón y de Pompeyo. Fue geógrafo e historiador. Ciudadano del mundo, sincretista y enciclopédico. Las tradiciones y antiguas sabidurías mesopotámicas se hicieron presentes en su estoicismo.
Dividió la realidad en grados: desde lo material a lo divino. Y definió al hombre como un microcosmos reflejo de un macrocosmos.
Cordobés que vivió en Roma. Tutor–maestro de un joven poeta y músico llamado Nerón. Este vínculo funcionó bastante bien hasta que nuestro emperador artista hizo migas con Petronio, un dandy de la época, fino, seductor y virtuoso. Seneca tuvo maestros pitagóricos y estoicos. Estuvo en Egipto. Fue exiliado por adúltero. Allí, siguió escribiendo, alabando la pobreza, la serenidad, la vida breve y la firmeza del sabio.
Allá por el 65’, se le ordena suicidarse.
De Hierápolis (Frigia). Esclavo liberto en Roma. Su obra fue recopilada por su discípulo Arriano de Nicomedia en un pequeño manual. En el año 94, Domiciano expulsa una nueva camada de filósofos, entre ellos, nuestro amigo. Se estableció en Nicópolis. Sus recitales fueron famosos.
Consideraba que la filosofía no es un fin en sí mismo, sino un medio necesario para aprender a vivir conforme a la naturaleza. El papel del filósofo consistiría en vivir y predicar la vida contemplativa, centrada en la noción de felicidad, que según la doctrina estoica es un producto de la virtud, definida mediante la vida acorde a la razón.
A los cuarenta años fue emperador de Roma. Esto le trajo dolor y guerras permanentes. La meditación y el opio, calmaban. La firmeza y la generosidad, disuadían y recomponían.
Persiguió a los cristianos, famosos hippies de la época, a los que consideraba teatrales, vagos, fanáticos y necrófilos. Redactó 18 reglas de convivencia matrimonial, inspirándose en su mujer, la hermosa Faustina y en su hija, Lucila.
Pocos años antes de su muerte, fundó cuatro cátedras de filosofía en Atenas. La peste se lo llevó a orillas del Danubio.
Austeridad, sencillez y autogobierno, fueron sus propuestas más firmes, desdeñando la retórica y su falta de practicidad.