Atmósfera

Revista de Poesía N°5
Buenos Aires - Marzo 2013

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Irene Gruss. Poeta argentina nacida en Buenos Aires, en 1950. Antología de sus poemas publicada por revista Atmósfera en el año 2012

Inéditos Irene Gruss

Plegarias atendidas

Plegarias atendidas, como se barre
la herida, lo que había que sufrir,
la lástima, la mía.

Plegarias atendidas: he dejado de rezar,
las rodillas se arrastraban
porque dolían.

Lo dejado a perder, valentía o
plegarias atendidas.

Hora que no viví, hora que no vivía
llegaron por plegarias atendidas.

He decidido llorar tanto
más
el dividendo o la nada
por plegarias atendidas.
*Obviamente se parafrasea lo escrito por santa Teresa: "Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas".

Frases hechas
I

¡Vade retro, Satanás!;
no es lo mismo pedirle peras al olmo que tirarles margaritas
a los chanchos;
no es lo mismo:
para mí hubiera bastado decir sencillamente
árbol, bosque, roca, aire, tierra,
pero para usted, para el entorno,
no basta. Sencillamente, de pronto 
se crea uno un trauma, un espectáculo,
una comedia (...).

Vade retro,
_¿Y nadie la ayuda? –preguntó el visitante; sueños,
máscaras de la imaginación de los que
se vuelve con la muerte en el alma,
agotado,
sin haber visto más que falsedades
y sin haber dicho más que tonterías:
hay que hacerlo todo en frío,
tranquilamente,
sin perder un minuto y trabajando (clava en su cabeza)
con un ardor paciente. 

Ninguno de los dos engaña al otro,
pero los dos mentimos, Vade.
Alejo lo que no me pertenece, yo
sé que no sé lo que no sé, y he de
asumir monstruosamente
ciertos lineamientos de la persona humana,
como esas masas inertes que traen al mundo algunas mujeres
y que, en suma, no son más que
materia que sueña
algún vacío
o su caricia.

El pescador

Allá atrás, dándole la espalda, está el mar.
Protesta como siempre. Va y viene.
Demasiada humedad, me digo como si le hablara.
Así avanzo, dejo la playa.
Que se impresionen otros, que se maravillen.
Que el pescador lo enfrente,
lo entienda.

Pasaje

Es un gran pintor Ezra, dijo el tío, sólo que cuando el pincel está ya sin pintura no vuelve a la paleta, lo aplica seco, pincelada tras pincelada, seco como el río de sus sueños (...)
Jorge Aulicino
Cuando ya no importe
el cuerpo, la humillación,
la flojedad de un pensamiento
desnudo, humillado como el cuerpo,
y eso que percute y que todos llaman deseo, mi Dios,
¿existe palabra así prosaica o ruin? Cuando no importe el sentido,
raspa la tela del sentido un pincel seco,
nada más que cerda, restos del pincel
que raspan una tela, vacía, por fin, he llegado al blanco absoluto,
al defecto.
Cuando no importe,
ni siquiera alcance ni
impresione, mucho menos esto
que algunos creen la flor de la expresión,
Dios mío, qué será eso
sino apenas la burla
o la oquedad de algo parecido
a hemorroides, estrías, agua bajo el puente,
humillación, decía. Y no importe
la luz,
nada menos que la luz,
era de día y holgazaneábamos
mirando el cielo entre las copas de los árboles, 
abedules en cine ruso; soviético, para ser clara.
Y no importe evidentemente la historia
o el dolor de la historia
o los hechos en sí,
sin perspectiva,
como esa tela raspada, violentada
por un pincel seco, olvidadizo,
a cubierto de la repetición
y del miedo
a morir, a que mueran, a
los que murieron sin mí,
y a que los viven sin mí, o cómo puedo estar
sin los que viven, y ya
no importe el color de la cortina, su revoloteo,
eso que pasa no importe
porque no importa el cuerpo
lineal en cada cosa
sobrentendida, sin lucha,
casi perdida o humillada. Y el pasaje no sea mensaje.

Pavesiana II

A la tarde bajan las gaviotas a la playa.
Pegan un grito crispado, hambriento.
El mar las recibe plácido.
Las gaviotas picotean en la orilla almejas o restos de
carnada que tiran los pescadores.
Los pescadores también bajan a esa hora
a la playa. Sus mujeres sienten frío
y se frotan las manos, las rodillas
pero esperan, tranquilas, la pesca.
Las gaviotas planean sobre el mar
que las seduce con un ruido húmedo,
demasiado húmedo.
Pasa un muchacho que trota por puro ejercicio.
Alguien se detiene, escucha
el grito de esos pájaros de mar blancos
y neutros. “Tienen hambre”, piensa,
“y luego de picotear planean satisfechos”.
Retoma su camino.

Como el sediento

Con las manos vacías, abiertas,
listas para recibir,
el sediento pasó, bebió del cuenco
vacío de mis manos,
las besó abiertas, listas
para recibir, recostó su cabeza
como el sediento que llega
no al oasis, 
a su espejismo.

Lana

Es tan triste el uno
como el dos impiadoso,
y el tres que quita
al otro, y el diez que nada vale. Mandamiento el seis
pecado el siete: olvida el nueve; inclina
al cero: rueca y ovillo.