Atmósfera

Revista de Poesía N°5
Buenos Aires - Marzo 2013

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Laura Wittner. Poeta argentina nacida en Buenos Aires, en 1967. Antología de poemas publicada por la revista Atmósfera en el año 2012.

Laura Wittner

De El pasillo del tren (1996)

Ventajas de fumar

Los pensamientos son silenciosos como sombras,
oscuramente torpes al maniobrar
en la noche cerrada
hacia una idea sobre algo.
El cigarrillo que se enciende
con su señal ígnea en equilibrio
permite contemplar los pensamientos.
Camiones que rompen filas
en lenta marcha atrás: cada cual
hace su maniobra y se aleja
y se pierde, por el camino oscuro.

(sólo una teoría)

...cambiar de tren en Pisa
donde se han mezclado los andenes, los carteles
a mano traen indicaciones erróneas,
tachaduras... cruzar dos veces el mismo
pasaje subterráneo
para salir al mismo andén, donde llegará o
no llegará el tren,
enfocando sin anteojos las señales...

...estar en el mundo como en un tejido
que se sostiene en estaciones y aeropuertos
– y en cada punto titilante hay un amor:
que el mundo esté lleno de amor
tan al alcance de la mano
y sin embargo uno vaya cambiando
de tren, cansado, silencioso,
eligiendo sin mucho pensar un hotel,
un bar, un baño,
una ventanilla a favor o en contra de la marcha.
Así junto con el viento marino y la luz
que cesa ante un túnel para luego
reaparecer, el amor puede también acariciar
entrando por la ventanilla
sin necesidad de separarse de los otros elementos. 

De Las últimas mudanzas (2001)

La pantalla

Como flechas en dirección opuesta
cruzaremos el aire. Pero eso
no significa nada.
Vamos y venimos, y vamos,
y venimos. Un día es negro,
sólo quiero alquilar una película
y volver a la nevada geografía nórdica
sentada en almohadones.
Otro día es tan ardiente
que hasta viven escarabajitos
entre las flores artificiales.
Descripción de una lámpara redonda, china
de papel con fondo celeste
que es un globo terráqueo.
Bolivia mantuvo el color del fondo
por ser país mediterráneo.
Así con ironía trabaja
el fabricante. Un territorio sin agua
a la vista, ahora
podría ser un lago.
Hay líneas meridianas, cada cuatro
la línea gruesa del papel
empastado, y en una coincidencia genial
los paralelos son los aros de alambre que
aseguran la tensión de la lámpara abierta.
Llorar en verano: con calor y con tiempo.
Sin fragmento. El verano es ancho
y largo. Por suerte
hace mucho que no pasa.
Uno va y reacciona igual que todos.
Por ejemplo en el subte: pero bueno.
Todas las ideas que se me ocurren
no sólo se le ocurrieron a alguien antes:
también fueron llevadas al cine.
El riesgo de vivir
en la misma casa mucho tiempo
es que ya pasó el verano en que
al volver en mitad de la noche
se sorprendía en el comedor a una
colonia de insectos, liderada
por una gigantesca langosta
que bajo la luz del velador
se daba la cabeza
contra la pared
una vez y otra, repelente y lenta,
enarbolando el poste
de la desazón y el movimiento.
Se dice de los insectos que son duros
y opacos, se dice: "en los caminos del bosque
hay mariposas que flotan a
siete metros de altura". Pero yo y una chica
que había salido vestida en camisón
vimos que todas esas especies juntas
formaban un vapor, y a la langosta
la tuvimos que sacar a escobazos.
Descripción de un cuarto cuadrado
cuyas paredes ya fueron pintadas
cuatro veces porque con el tiempo,
se sabe, se agrisan. Se sabe que
se agrisan, con el tiempo.
Vos por ejemplo:
dejaste la mirada
en un punto incierto
entre la tele y yo. Allí no hay lo que hay
aquí. Aquí no hay lo que hay allí.
La tele era la intersección.
¿Cuántas veces en la vida
se puede estar en un planetario?
Y sin embargo la sensación planetario
te acompaña para siempre.
La tensión mínima necesaria
para la música de las esferas,
los cúmulos, los cirros, la danza
de las constelaciones, la droga ligera,
el primer amor, el chico arrodillado
junto a la butaca, siseándote al oído.
Se puede hacer
una de estas listas
durante la noche, mientras
hora tras hora se agitan en el patio
hojas de las plantas silvestres, del laurel
y las agujas del pino brasilero, en la calle vibra el polen
de los plátanos, el aire va bajando, se apoya,
se prepara para la
primera luz, y con la última palabra de la lista
comienza un día de lluvia, uno duerme,
o hace listas.
 

De La tomadora de café (2005)

Vacaciones

Pienso que entrará un gato raro
raspándose contra el piso
de golpe como si viniera de un empujón.
Pienso que entrarán insectos.
Que los cascarudos chocarán con insolencia
contra las paredes.
Y pienso que la canilla gotea óxido,
sarro óxido que dora el azulejo.
Llueve, hay juncos, se acercan.
Las hojas húmedas amarillas,
las hojas húmedas verdes,
las aves que muestran los dientes,
los bichos con cuerpo carnoso,
los animales de cuatro patas,
atreviéndose hasta el porche,
midiéndonos, como si tuviéramos
el agua del que ellos dependen en una
sequía universal. Hay libros,
hay diarios, trajimos provisiones,
pero se están amarronando,
se enroscan como una flor que cede
al apretón de la humedad.
Botellas de plástico vacías
salen rodando al unísono.
Alguien viene. Pasos mullidos por el pasto
mojado, los árboles mojados,
la leña, agua con cenizas. Chillan.
Todo el reino animal chilla,
y sabiendo que no podemos verlo
nos observa con sus ojos claros.

Verano puro

El calor trajo un zumbido permanente:
un rumor de edificios electrizados
mantiene en equilibrio
tanta inmovilidad.
Ventana tras ventana
exhibe una persona tendida leyendo
a la luz insectívora de veladores.
Unas pocas escenas iluminadas
por el televisor. Dos que ofrecen
partes de cuerpos
recién duchados.

A medianoche el cielo ronca como un mar.
Abajo el viento arrastra cosas ligeras
contra superficies duras.
Lanza formas
varios metros hacia arriba
que aterrizan segundos después. Reposeras
en balcones
                 aun plegadas
                                     caen de panza.

Alguien avanza sobre el patio con linterna
pensando cómo prevenir la inundación.

Hay un punto
titilando en la memoria
y varias líneas de pensamiento
que primero se desbocan pero después
decaen. La piel está húmeda
de múltiples maneras.
Se hace imposible desenredar
el detalle de la cita de la intención de teoría.
Se hace evidente que no hay nada que entender.

De Lluvias (2009)

Quedó gris

La estufa en piloto, un cable sacudido por el viento.
Dormís, voy por la página noventa.
Ropa nueva, futuro, iris blancos en agua,
y un cielo que no piensa despejarse.

Así empieza un otoño;
así me gustaría que empezara.

Casa en el bosque

Afuera, restos de agua
cuelgan de las piñas que cuelgan de las ramas.
Varias formas ovales proponiendo desprenderse:
todo baja.
Acá, un silencio excelente. Ráfagas breves
de gotas de último momento sobre techos y vidrios.
La nube, que termina de exprimirse
y manda optimistas latigazos.
Un calor raro, sobreinducido,
para marearnos por la noche,
ahora, con el alerta de las naranjas y el café,
casi nos hace estallar de expectativas.
Coronando actividades mudas,
motores y fluidos que sabrán lo que hacen:
lo hacen, supongo, por nosotros.

Olvido

La arritmia con que comenzó el goteo
en algún momento de la noche,
la demorada comprensión de lo que era ese sonido;
el hundimiento, entonces, en sueños más remotos:
todo deshecho por este sol de mediodía,
cuya oferta incluye cáscaras de fruta,
carbón de oruga y algunas otras sequedades.